Por mi responsabilidad en el gobierno, tuve la oportunidad y el privilegio de compartir en decenas de ocasiones con el Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez, por quien siento admiración, respeto y cariño, y a quien considero como un padre verdadero.
Guardo recuerdos inolvidables que vienen a mi mente en estos momentos de su pérdida física. Recibí, como muchos, regaños y críticas, pero también me demostró afecto y cariño, y conté con sus valiosos consejos, como de padre a hijo.
Recuerdo anécdotas inolvidables, como el día que le entregamos la condición de Hijo Ilustre de Villa Clara, idea que surgió después de un encuentro en la provincia con el Presidente Miguel Díaz-Canel y la dirección del país. Él estaba presente. Fue en septiembre de 2019; enfrentábamos una situación compleja relacionada con el combustible y, cuando explicamos cómo se estaban organizando las tareas en la provincia, Díaz-Canel le pidió sus criterios, pues él atendía el programa a nivel de país. En ese momento expresó sus sentimientos por la provincia y cómo se sentía parte de ella, con palabras conmovedoras. Luego, organizamos con discreción una sesión de la Asamblea Provincial del Poder Popular donde abordamos el tema de la producción local de materiales de la construcción, programa que él conducía a nivel de país y que era la justificación para que nos acompañara. Se desarrolló un sábado a las 2 de la tarde, que era el tiempo que su plan de trabajo se lo permitía, y llegó acompañado de su esposa Alicia.
Ramiro se caracterizaba por ser agudo e inconforme para perfeccionar el trabajo; para él, nada era imposible por muy adversa que fuera la situación. Nos criticaba la calidad de la producción de los materiales. Aquella tarde fue inolvidable; fue muy conmovedora la entrega del reconocimiento de Hijo Ilustre de Villa Clara. Alicia me trasladó que estaba apenada porque lo habíamos invitado a un reconocimiento y él nos había criticado en toda la tarde. Para nosotros, siempre sus críticas y sus consejos valían mucho.
Recuerdo otra anécdota. Después de haber pasado el huracán Irma, Villa Clara fue la provincia más afectada del país. En una tarde, nos chequeaba la recuperación de las afectaciones y el programa de la vivienda, y con sus asistentes organicé visitar una comunidad, la nombrada Emilio Córdova, en el municipio de Encrucijada, donde habíamos construido más de 50 viviendas de tipología 3 en una zona muy afectada por el fenómeno meteorológico. Para lograr que fuera, explicamos que el traslado duraría más o menos media hora, pero por los caminos en mal estado nos demoraríamos más. Ese día él estaba afectado por la alergia y Orta, su ayudante, me preguntó: "¿Falta mucho? Porque de esta no van a votar los dos". Cuando llegamos a la comunidad hicimos un recorrido y se proyectó en premier un audiovisual de testimonios muy conmovedor, realizado por la periodista Hilda Cárdenas. Concluimos tarde en la noche, pero en el retorno nos agradeció porque, a pesar de estar lejos y haberse extendido el tiempo, fue verdaderamente muy satisfactorio el encuentro con personas con impedimentos físicos y con una familia que lo había perdido todo.
Otra anécdota. En uno de los recorridos que sistemáticamente desarrollaba por la provincia, al menos una vez al mes, en esa oportunidad chequeaba la inversión de la fábrica Cloro Sosa, el Polígrafo y la empresa Planta Mecánica. Entonces lo invitamos a controlar la producción local de materiales de la construcción en el municipio de Encrucijada. Luego de concluir la visita, le propusimos visitar el museo Casa Natal Abel Santamaría. Recuerdo cómo observaba detalladamente cada objeto y cada habitación, entonces de manera suspicaz le preguntó a la compañera del museo sobre un reloj de pared antiguo, si pertenecía a la casa. Ella le dijo que no, y él exclamó: "¿Y por qué está aquí si no pertenece a la familia?" Ese día, el equipo del gobierno le tomó una fotografía verdaderamente excepcional. Vi su rostro con una mascarilla puesta —vivíamos tiempos de Covid— y una lágrima brotaba de sus ojos al observar las fotos de su joven compañero Abel Santamaría. Cuántas cosas estarían pasando por la mente de este increíble hombre al recordar a un amigo que perdió la vida luchando por la independencia de la Patria. Esa foto no la quería hacer pública para entregársela, pero no logramos el momento, y el equipo de prensa del gobierno luego la publicó.
Mas reciente guardo recuerdos inolvidables, como cuando llegué a La Habana designado como Ministro. Nos encontramos en el pasillo del Palacio de la Revolución; me abrió los brazos con una expresión de alegría, me apretó la mano, me abrazó y me dijo: "Ten mucho cuidado aquí en La Habana, esta no es Villa Clara". Eso ha sido una lección para mí, en mi actitud y mi actuar aquí en este tiempo.
Guardo en mi memoria un recuerdo especial, fue un martes, al concluir el Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros. Le presentamos al Presidente la marcha del programa de ciencia del organismo; fue muy interesante y motivador los aspectos relacionados con la pesca. Al concluir ese encuentro, aproximadamente a las 12:30, me dijo: "Vamos conmigo a mi oficina". Subimos el elevador, caminamos los pasillos y, en ese momento, comenzó a hablarme de Fidel y su vínculo con la pesca, con el desarrollo del camarón, cómo conocía cada detalle. Llegamos a su oficina y su equipo de trabajo estaba almorzando; me invitó a pasar, nos sentamos, me acomodó una silla frente a él. Miró las fotos de sus compañeros desde la Sierra y la prisión y me comentó algunas. Conversamos durante 47 minutos aproximadamente y me confesó que, cuando me habían designado, él estaba preocupado si yo podía con la tarea, pero yo le había demostrado que cuando se es fiel, se pueden asumir desafíos y retos. Hizo un silencio y, para finalizar, me expresó "que lo disculpara por haberme invitado a descargar", pero que quería que yo supiera cuánto él me apreciaba y me estimaba. Aquello me conmovió; se me salieron las lágrimas y le expresé cuánto él representaba para mí y que en mi despacho, frente a la computadora, estaba la foto de él con mi familia cuando estuvo en Villa Clara en la toma de posesión de mi segunda ocasión como gobernador.
Su partida me duele en lo más hondo, porque se va una persona que marcó mi vida y mi pensamiento. Pero me queda el consuelo de haber compartido con él, de haber aprendido a su lado, y la certeza de que su obra y su memoria nos acompañarán en cada batalla por la justicia.
Hasta siempre, Comandante. Su legado es inmenso, y su amistad, un tesoro que guardaré por siempre.